A los músicos nos entrenan para que nuestro trabajo, no solo suene bien sino que, luzca bien en todos los sentidos de un espectáculo. Después de años de práctica y entrenamiento, la disciplina en un escenario se sale hasta por los poros de la piel, es natural, es parte de uno.
Al salir a trabajar me tocó dirigir un coro de niños y niñas de 60 voces. Cantaban muy bonito. Cada uno/a de ellos/as tenía un gran talento para la música. Pero yo, pasaba horas tratando de enseñarles la disciplina de estar derechos, desfilar, saludar y demás procesos que acompañan una buena presentación. Luego de cada práctica me preguntaban si lo habían hecho bien. Lógicamente frustrado por no ver que mi meta se lograba, les respondía con más instrucciones para la disciplina.
En una ocasión, una compañera maestra, muy sabia, montó una pantomima con su grupo, los hizo desfilar frente a mi y sonrió. En una semana sus alumnos lograron lo que yo en seis meses no lograba con los míos.
Pregunté qué hizo para lograr tanto y de forma tan efectiva. Me dijo que brindó a sus alumnos las mismas instrucciones que yo brindaba a los míos. Pero ella, luego de las instrucciones, brindó el espacio para que ellos ejecutaran, a su forma, en su tiempo. Simplemente esperó y confió.
Este "Rincón" es un espacio para el intercambio de ideas, experiencias y puntos de vista. Les invito a reaccionar de forma libre en cada una de las entradas o en aquellas que así le motiven. Gracias por compartir este rinconcito conmigo.
martes, 28 de febrero de 2012
martes, 7 de febrero de 2012
El discurso
Cuando estaba en segundo año de universidad recibí uno de los discursos más largos y significativos de mi vida. Para ese momento tenía para elegir entre la disciplina universitaria y la "jangueaera" de ser músico. Me divertía mucho tocando en fiestas y actividades así que decidí que dejaba la universidad.
Llegué a casa, como todo un adulto, y le notifiqué a mis padres mi decisión. A fin de cuentas realmente se trataba de mi futuro. Mi mamá puso el grito en el cielo y trató de convencerme de lo contrario. Mi papá le pidió que respetara mi decisión. Me sentí muy bien. Al menos papi entendió que yo era grande y podía decidir.
Resuelto el problema salí a la calle con mis panas. Llegué al inicio de la madrugada. Minutos más tarde mi padre fue a despertarme para que fuera a trabajar con él. Le recordé que yo apenas estaba llegando. El me recordó que en su casa se estudiaba o se trabajaba y que él respetó mi decisión de dejar la universidad pero que yo no dije que tenía un trabajo, que mientras tanto y en lo que conseguía uno me iba a otorgar el "privilegio" de trabajar con él. Recuerdo que llamó a su trabajo para que añadieran 400 cajas a las 200 que le tocaba trabajar ya que tendría un ayudante. No tienen idea de cuantas veces intenté hablar con él sobre el asunto...
Al llegar el domingo recogí mi ropa y regresé al hospedaje. ¿El discurso de mi papá? La acción.
Llegué a casa, como todo un adulto, y le notifiqué a mis padres mi decisión. A fin de cuentas realmente se trataba de mi futuro. Mi mamá puso el grito en el cielo y trató de convencerme de lo contrario. Mi papá le pidió que respetara mi decisión. Me sentí muy bien. Al menos papi entendió que yo era grande y podía decidir.
Resuelto el problema salí a la calle con mis panas. Llegué al inicio de la madrugada. Minutos más tarde mi padre fue a despertarme para que fuera a trabajar con él. Le recordé que yo apenas estaba llegando. El me recordó que en su casa se estudiaba o se trabajaba y que él respetó mi decisión de dejar la universidad pero que yo no dije que tenía un trabajo, que mientras tanto y en lo que conseguía uno me iba a otorgar el "privilegio" de trabajar con él. Recuerdo que llamó a su trabajo para que añadieran 400 cajas a las 200 que le tocaba trabajar ya que tendría un ayudante. No tienen idea de cuantas veces intenté hablar con él sobre el asunto...
Al llegar el domingo recogí mi ropa y regresé al hospedaje. ¿El discurso de mi papá? La acción.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)