La familia tiene sus formas de comunicar. A medida que aparecen las nuevas generaciones van haciendo sus propias aportaciones a esa comunicación, que ya de por sí estaba llena de símbolos y formas alternas de decir las cosas.
Primero me esforcé por que me llamaran Eliud, con d. Mis sobrinas/os me enseñaron a aceptar que existen otras formas de llamar a uno, que también provienen del amor, del reconocimiento, de la aceptación. Que hasta el nombre de uno puede sufrir transformaciones siempre que uno acepte que la vida es un proceso de transformación constante, de cambios, de crecimiento. Que de la "d" a la "s" hay que andar, hay que vivir hay que sentir.