He pasado por ahí, por esa calle, todos los días durante dos meses. El perro ya no tiene pelo, está flaco, tiene sarna, no menea su rabo. Algo le habrá sucedido. Su espacio es justo el lugar de la calle donde no hay casas. No está amarrado. Es libre, pero decide permanecer ahí.
Al parecer, siempre hay una mano sensible que le acerca la comida. Ya no va en busca de ella. No teme morir. Pero ese es su espacio. Es lo último que alguien o algo le quitará. Estoy seguro que morderá si lo intentan.
Hay algo en ese animal que me impresiona. Nunca lo he visto acostarse... Siempre está de pié...