miércoles, 9 de mayo de 2012

Pantalón roto

Yo tenía 7 años. Después de unos años en nuestra casa la familia creció. Hubo que cambiar aquel espacio en el que ya no cabíamos. Nos mudamos temporeramente, mientras se construía el nuevo espacio. En ese   lugar temporero encontré espacio para seguir desarrollándome, para jugar, vivir, sentir. 
Un día jugando pelota (beisbol) me agaché y se rompió mi pantalón. Subí a la casa y me lo cambié por otro, me agaché para continuar el juego y se rompió mi segundo pantalón e igual con el tercero.
Mi madre, sonriendo, me dijo que ya había crecido. Que aquella ropa ya no me quedaba, no me servía, no era para mi. 
Y como ese ciclo es permanente después de varios meses volvimos a nuestro antiguo terreno... esta vez con una nueva casa. Una que se ajustó a nuestro crecimiento. 
Ya la casa cambió nuevamente. La ropa también. Y yo... sigo creciendo. 


miércoles, 11 de abril de 2012

Cambio de letra... De la D a la S

Una vez me llamaron Eliud, aparecieron las sobrinas y sobrinos. Cariñosos/as, querendones/as, manipuladores/as. "Tío Eliud, por favor dame esto..." "No". (Sonrisa) "tío Eliusss, poh favó" (piquito parao). "Ok" (derretido).

La familia tiene sus formas de comunicar. A medida que aparecen las nuevas generaciones van haciendo sus propias aportaciones a esa comunicación, que ya de por sí estaba llena de símbolos y formas alternas de decir las cosas. 

Primero me esforcé por que me llamaran Eliud, con d. Mis sobrinas/os me enseñaron a aceptar que existen otras formas de llamar a uno, que también provienen del amor, del reconocimiento, de la aceptación. Que hasta el nombre de uno puede sufrir transformaciones siempre que uno acepte que la vida es un proceso de transformación constante, de cambios, de crecimiento. Que de la "d" a la "s" hay que andar, hay que vivir hay que sentir.


martes, 10 de abril de 2012

Grande

Desde que tuve conciencia de mi nombre me gustó. Cuando comencé a darle identidad me gustó más. En la escuela yo era Eliud. En muchos lugares comencé a ser Eliud. Pero en el barrio era el nene de... Me identificaban por mi papá, mi mamá, mis tíos, hasta por el vecino de fulano. Siempre les aclaraba que mi nombre era Eliud. Parecía no importar.

En el barrio, cuando venían tormentas o huracanes, algunos de los grandes sacaban un rato para ayudar en las casas de los viejos y de quienes necesitaran una manita para asegurar sus cosas. Los niños jugábamos en la cancha hasta que ya comenzaba a soplar o a llover.

Ese día, con el huracán ya cerca, cuando pasaron los grandes frente a casa, mi mamá me pidió que me fuera con ellos ya que nuestra casa estaba segura. Los niños fueron a la cancha y yo fui con los grandes. Rápido me dieron tarea. Hice las cosas que hacen los grandes. Me llamaron Eliud en el barrio.

martes, 6 de marzo de 2012

Voluntad

He pasado por ahí, por esa calle, todos los días durante dos meses. El perro ya no tiene pelo, está flaco, tiene sarna, no menea su rabo. Algo le habrá sucedido. Su espacio es justo el lugar de la calle donde no hay casas. No está amarrado. Es libre, pero decide permanecer ahí.

Al parecer, siempre hay una mano sensible que le acerca la comida. Ya no va en busca de ella. No teme morir. Pero ese es su espacio. Es lo último que alguien o algo le quitará. Estoy seguro que morderá si lo intentan.

Hay algo en ese animal que me impresiona. Nunca lo he visto acostarse... Siempre está de pié...

martes, 28 de febrero de 2012

Esperar y Confiar

A los músicos nos entrenan para que nuestro trabajo, no solo suene bien sino que, luzca bien en todos los sentidos de un espectáculo. Después de años de práctica y entrenamiento, la disciplina en un escenario se sale hasta por los poros de la piel, es natural, es parte de uno.
Al salir a trabajar me tocó dirigir un coro de niños y niñas de 60 voces. Cantaban muy bonito. Cada uno/a de ellos/as tenía un gran talento para la música. Pero yo, pasaba horas tratando de enseñarles la disciplina de estar derechos, desfilar, saludar y demás procesos que acompañan una buena presentación. Luego de cada práctica me preguntaban si lo habían hecho bien. Lógicamente frustrado por no ver que mi meta se lograba, les respondía con más instrucciones para la disciplina.
En una ocasión, una compañera maestra, muy sabia, montó una pantomima con su grupo, los hizo desfilar frente a mi y sonrió. En una semana sus alumnos lograron lo que yo en seis meses no lograba con los míos.
Pregunté qué hizo para lograr tanto y de forma tan efectiva. Me dijo que brindó a sus alumnos las mismas instrucciones que yo brindaba a los míos. Pero ella, luego de las instrucciones, brindó el espacio para que ellos ejecutaran, a su forma, en su tiempo. Simplemente esperó y confió.

martes, 7 de febrero de 2012

El discurso

Cuando estaba en segundo año de universidad recibí uno de los discursos más largos y significativos de mi vida. Para ese momento tenía para elegir entre la disciplina universitaria y la "jangueaera" de ser músico. Me divertía mucho tocando en fiestas y actividades así que decidí que dejaba la universidad.
Llegué a casa, como todo un adulto, y le notifiqué a mis padres mi decisión. A fin de cuentas realmente se trataba de mi futuro. Mi mamá puso el grito en el cielo y trató de convencerme de lo contrario. Mi papá le pidió que respetara mi decisión.  Me sentí muy bien. Al menos papi entendió  que yo era grande y podía decidir.
Resuelto el problema salí a la calle con mis panas. Llegué al inicio de la madrugada. Minutos más tarde mi padre fue a despertarme para que fuera a trabajar con él. Le recordé que yo apenas estaba llegando. El me recordó que en su casa se estudiaba o se trabajaba y que él respetó mi decisión de dejar la universidad pero que yo no dije que tenía un trabajo, que mientras tanto y en lo que conseguía uno me iba a otorgar el "privilegio" de trabajar con él. Recuerdo que llamó a su trabajo para que añadieran 400 cajas a las 200 que le tocaba trabajar ya que tendría un ayudante. No tienen idea de cuantas veces intenté hablar con él sobre el asunto...

Al llegar el domingo recogí mi ropa y regresé al hospedaje. ¿El discurso de mi papá? La acción.      

miércoles, 25 de enero de 2012

La abuela Josefa

... Que en realidad era mi bisabuela. Abuela Josefa vivía en el último de los barrios, al final de ese barrio, en la última calle a la izquierda, al final de esa calle. Era una grata experiencia visitarla en cualquier momento. Te hacía sentir que te estaba esperando. Te hacía pensar que cocinó para ti. Te recogía pomarrosas, gandules, toronjas, cerezas y nos mandaba a buscar jobos y tamarindos en los palitos del barranco. 
Quienes en mi familia la hayan conocido, coincidirán con mi recuerdo. Pero Abuela Josefa tenía una particularidad. Ya que uno se iba, había  bajado el carro cerca de 400 metros carretera abajo, se escuchaban sus gritos. Decía "... que le recuerdes a Fulana que mañana tengo cita... que le digas a Mengano que me traiga dos bloquecitos pa´que Pepe me haga una escalerita... que si ves a Tino le digas que le pago el día 4...".

Siempre me pregunté la razón de esa manía. No puedo afirmar si lo hacía consciente o inconscientemente pero me enseñó a mirar, de vez en cuando, hacía atrás. Que allá puede haber algo que nos enlace el presente o nos envíe al futuro. No es que viva mi vida desde el pasado. Pero cuando el presente avanza, no está demás ver si el pasado nos dejó un recado para resolver y poder seguir camino. 

¡Y si no hay recados pues que me echen la bendición!